Para la regulación metacognitiva necesitamos planificar estrategias a utilizar, supervisar como lo estamos haciendo y evaluar si deberíamos cambiar la estrategia.
Saber qué, cómo y cuándo nos ayuda a regular el conocimiento procedimental y el conocimiento condicional. Y la metacognicion nos ayuda a elegir la mejor forma de realizar las tareas a través de los pensamientos sobre nosotros mismos y sobre los demás.
Si un niño nos pide ayuda está desarrollando su metacognición, con la experiencia social apropiada con el educador que le cuida, con intercambio relacional con los iguales, para poder observar un buen desarrollo de la corteza orbito frontal.
Como educadores en nuestro centro damos abrazos emocionales para sincronizar y autorregular el cerebro de los niños y para reconectar nuestro cerebro integrador con el cerebro integrado de cada uno de nuestros niños.
Miramos con tiempo de exclusividad, nuestros ojos (como la figura de apego que somos) son la guía para nuestros niños. Estas miradas ayudan o frenan el desarrollo del cerebro por ello deben ser positivas, agradables y emocionales.
Si no fomentamos la conexión del cerebro integrador del educador con el cerebro integrado del niño éste sentirá miedo, ansiedad, inseguridad, desconfianza, incapacidad para confiar, frustración.
Cada cerebro es único.
En el primer ciclo de 0 a 3 años, las experiencias modelan el cerebro. Los cambios en el cerebro tienen consecuencias para la conducta, el pensamiento y el sentimiento.
Por ello, nuestras aulas están preparadas para que los niños vivan experiencias significativas que contribuyan positivamente a su formación y comprensión del mundo que les rodea.
En ellas fomentamos la empatía, la sintonía y la sincronización en un ambiente positivo, seguro y que les produzca confianza.
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