Mirada neuroeducativa

 Hay que procurar siempre devolver las miradas, con tonos de voz pausado, tranquilo, sonrisas, para no alterar el cortisol, ya que puede modificar el circuito cerebral, por ello hay que preparar ambiente bajo en estímulos, recogimiento, objeto de apego.

Todos los educadores buscamos el bien para los niños, somos seres que sentimos sus necesidades y que observamos su conducta a través de la regulación corporal (ritmo cardiaco, estrés) y emocional (apego).

Debemos trabajar el lenguaje oral, la percepción sensorial y la mirada neuroeducativa para integrar el cerebro social de nuestros niños.

Tenemos que sincronizar y sintonizar los cerebros de los adultos y los niños a través de la empatía emocional y cognitiva, del respeto, del cuidado, del apego seguro, del caminar descalzos para reconectar.

Todo esto podemos lograrlo a través de la metacognición, ya que podemos sintonizar, regular para autorregular, generar devoluciones con los niños (gestos, miradas, caricias), coordinación sensoriomotora, desarrollo emocional, procesos de atención, integración sensorial.

Debemos evitar no cuidar el tiempo, la sobre estimulación, los ambientes recargados (luminosidad, sonoridad) para poder integrar la metacognición en el aula a través del movimiento físico, del contacto social y de los juegos.

Tenemos que enseñar habilidades a los niños porque su cerebro está en un continuo desarrollo. Somos constructores de la personalidad y del cerebro social de nuestros niños. El cerebro integrado de los niños es muy vulnerable al estrés.

Tenemos que entrenar el cerebro social a través de gestionar técnicas, de buscar cerebro integrado del educador para sincronizar y sintonizar con el cerebro social integrado de los niños. Todo depende de la autorregulación de los niños con los adultos.




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