La etapa de 0 a 3 años es una de las etapas más importantes en el desarrollo de los niños y una de las más olvidadas por el sistema educativo, las administraciones y la sociedad.
Solo los educadores, los maestros de educación infantil y todos los profesionales que trabajamos con ellos sabemos, investigamos y no dejamos de aprender para ayudar, acompañar y guiar a nuestros niños en sus primeros aprendizajes.
Por ello debemos cuidar hasta el mínimo detalle dentro del aula para proporcionar a los niños una interacción social, afectiva y emocional con nosotros positiva, motivadora y de exclusividad.
Creamos un tiempo cómplice entre los niños y nosotros si mantenemos, todos los días, los cuidados, los afectos, la protección, la socialización, la estimulación, el respeto, el apego, la empatía, en definitiva las miradas y conexiones en exclusividad entre nosotros. Apliquemos la neuroeducación en el aula.
En un ambiente de estabilidad y de equilibrio se producen las conexiones neuronales a través de los juegos, de las miradas, de los tiempos de exclusividad entre el cerebro integrador del educador y el cerebro integrado del niño.
Los niños aprenden a seguir la mirada, a participar en juegos, a comprender rutinas y hábitos. Necesitan confiar en nosotros, necesitan sensación de permanencia mediante los hábitos y rutinas, necesitan saber que estamos ahí.
Debemos fomentar la resiliencia en el aula a través de la interacción con los iguales y con los educadores, con aptitudes y conductas de apego seguro en un ambiente con interacciones positivas para que el cerebro del niño se integre con el cerebro integrador del educador.
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